Cuarenta años de soledad (Capitulo 2)

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Entonces fue que me alarmé, comencé a tratar de soltarme, pero la manaza del enorme Kutúzov me sujetaba fuertemente y ese cuerpecillo no tenía la fuerza necesaria para soltarse.

—Tenemos que lleval’ muchacha, mañana t’laemos —insistió la vieja hechicera.

—Está bien, está bien, pero tendrán que esperar a que me la coja y luego se la llevan o no hay trato.

Los chinos se miraron unos a otros, murmuraron algo entre ellos, y luego la hechicera accedió.

—Mitad de dinelo’ y usted coge muchacha, luego nos la llevamos y mañana tlaemos’ de regreso y paga ‘lesto del dinero.

—¡¿Qué?! ¡están locos! ¡ese no era el trato! —Les grité en chino pero luego la anciana me miró fijamente y mi cuerpo se paralizó, traté de seguir gritando y jaloneando para soltarme del ruso, pero mi cuerpo no respondía. Solo me quedé ahí parado sin poder controlar mi cuerpo.

Kutúzov se notaba confuso, pero luego me miró de arriba abajo.

—Está bien, pero si tratan de engañarme… —y les apuntó a la frente de los tres chinos con el índice asemejando una pistola— ahora ven conmigo chinita que te voy a enseñar a amar a un cosaco.

Intenté gritarle «¡No! Suéltame maldito, no iré a ninguna parte contigo» pero no controlaba mi voz, así que de mi boca solo salió una frase en tono sumiso: “Si señol Kutúzov”

Traté de soltarme, pero lo que pensaba mi mente estaba muy lejos de lo que hacía mi cuerpo, mi mente ordenaba a mi cuerpo que se resistiera, que luchara y se zafara del agarre, pero lo que hizo mi cuerpo fue seguir obedientemente al ruso.

La maldita bruja me había lanzado otro hechizo y ahora además de haberme transformado en una jovencita, también gobernaba mi cuerpo y mi voz.

Me llevó de la mano y entramos en una habitación decorada igual de lujosa que el resto del penthouse, con una enrome cama en medio del ambiente, espejos por todos lados, mesas con todo tipo de drogas.

—Sirvete lo que gustes.

No me podía mover, así que solo me quedé ahí parado mientras él servía dos copas de champaña.

—¿No quieres nada? Bueno, ¿Al menos me acompañarás con una copa de champaña?

«¡No idiota no tomaré nada, no soy mujer, soy hombre y no permitiré que me toques!» pero de mi boca solo salieron palabras sumisas y en tono agudo y femenino.

—Si señol Kutúzov.

Quería coger una botella y rompérsela en la cabeza; o romper la copa, rajarle la cara con el vidrio roto y huir de ahí, pero no podía moverme, era como estar viendo en una película sin poder hacer nada, y encima, no me podía mover, pero podía sentir todo, el sabor de la champaña en mi boca, las manos del ruso palpando mis nalgas y apretujándolas; cada sensación de mi cuerpo podía percibirla, pero no gobernar mis movimientos.

Kutúzov apuró la copa de un trago y luego me cogió de la cintura, me dio la vuelta y abrazó por la espalda “Eres mucho más bonita de lo que yo esperaba” Sentí su aliento detrás de la oreja, quise gritarle que me soltara, zafarme de su abrazo y romperle la cara, pero de mi boca solo salió un gemido: “Hay… señol Kutúzov”.

Sentí sus manos en mi abdomen, recorriendo mis caderas, metiendo la mano por debajo de mi falda y palpando mis piernas, apretujando mis pechos por encima del vestido “Creo que me vas a hacer muy feliz” y la dureza de su miembro creciendo y restregándose en mi trasero, sus labios tibios recorriendo mi cuello y detrás de mis orejas.

Comencé a sentirme raro, como un vacío en el estómago, una vibración en mis piernas y un relajante calor en medio de mis caderas. Una de sus manos se metió entre mis muslos y cuando toco la vagina todo mi cuerpo se estremeció, sentí que mis rodillas se iban a doblar, noté que la tanga estaba húmeda, uno de sus dedos regordetes comenzó a masajear en medio de mis labios vaginales, mi cuerpo se movía a voluntad propia por lo que yo no podía controlar que mi mano se posara sobre la de él e imprimiera a su mano movimientos de arriba abajo, sobando el clítoris “Eso es mi chinita, ¿Te gusta que te toque ahí verdad?”, “Si señol Kutúzov, tóqueme más pol favol”

Mi respiración comenzaba a hacerse profunda y entre cortada, estaba entre dos universos; uno donde las urgencias de mi cuerpo alentaban a Kutúzov a que siguiera tocándome; y otro donde mi mente gritaba que se detuviera, que yo también era hombre y no quería sexo con hombres, aun cuando el cuerpo no era mío, estaba a punto de sentir todo lo que ese cuerpo sintiera y mi mente recordaría para siempre haber estado sexualmente con otro hombre, aquellos malditos chinos me habían engañado y ahora no tenía escapatoria.

Mi mente hacía esfuerzos sobre humanos, tratando de enviar las señales correctas a mi cuerpo, tratar de evitar lo que me iba a pasar, pero mi cuerpo se movía como si fuera el de otra persona, restregando las nalgas en el endurecido pene del ruso, mi mano sobre la suya, incitándolo a que siguiera masajeando mi clítoris con su dedo. En mi mente seguía siendo un hombre cuarentón, obeso y calvo, que nunca había tenido dudas de mi sexualidad, pero el cuerpecillo que ahora tenía estaba transmitiendo señales poderosísimas a mi mente, una excitación que no podía controlar. Racionalmente quería que se detuviera, pero cada célula de mi cuerpo deseaba que aquel ruso siguiera tocándome como lo hacía. Mi cuerpo era el de una muchacha con las hormonas en pleno despertar, y sin control. El conflicto era terrible, mi cuerpo urgido de esas caricias y mi lógica tratando de contrarrestar esas urgencias «Soy un hombre, no puedo sentir estas cosas, soy un hombre no me gustan los hombres… pero…» pero esas caricias eran deliciosas, y mi piel… ¡Dios! era tan sensible, en mi piel de hombre nunca había sentido las caricias de esa forma, pero con la piel de aquella muchacha, cada caricia ardía en mi piel y hacía hervir mis entrañas.

El ruso me envolvió con sus brazos, y comenzó a besarme ávidamente el cuello, las orejas y la nuca, mientras con una mano acariciaba mis pechos y con la otra manipulaba mi vagina y mi clítoris. Mi cuerpo sin control respondía con mi mano sobre la suya, y frotando mi cuerpo contra el suyo; mi mente seguía negada a recibir esas caricias, «No puede ser, no puede ser» me repetía en mi mente «tengo que hacer algo» pero mi cuerpo no me obedecía. «¿Qué me está pasando? ¿Por qué me siento así?» mi mente seguía negándose, pero ya no trataba de controlar mi cuerpo, mi razón se había rendido, era inútil tratar de luchar contra ese tsunami se sensaciones voluptuosas. Tal vez no solo mi mente se había rendido, sino que se había convencido de dejarse llevar por el deseo sexual de ese cuerpo femenino y juvenil. De disfrutar de las sensaciones que las manos de aquél ruso despertaban en mi piel al recorrerla. Tal vez mi mente se dejó convencer de que aquel cuerpo femenino era el suyo, tal vez me dejé convencer de que era mío ese trasero firme que se restregaba contra el pene duro del ruso, me dejé convencer de que aquellos pechos suaves deliciosamente apretujados eran míos, y esos pezones erectos y sensibles me pertenecían, y que todo aquel deseo sexual incontrolable por sentir las caricias de aquél hombre era yo, era mi mente.

El ruso me dio la vuelta, y yo me lancé sobre él, uniendo mi boca a la suya, puso sus manos bajo mis nalgas y me atrajo hacia el apretándome contra su cuerpo, su aroma varonil me volvía loca, y su lengua comenzó a juguetear con la mía, yo me había adherido a él como una enredadera, mi monte de venus había quedado justo encima de su pene duro y al frotarme contra él me causaba un placer sin igual. Mi mente no se resistía más, inclusive todas las cosas que hacía mi cuerpo eran exactamente lo que mi mente necesitaba en ese momento. Mis piernas rodeando sus caderas y mis brazos colgados de su cuello. Caminamos así, entrelazados, él cargándome llegamos hasta la cama, me depositó sobre ella. Todo eso era maravilloso para mí, ni como hombre había sentido las caricias de ese modo, ni tanta excitación sexual, ni un deseo tan intenso e incontrolable.

Él deshizo nuestro beso, pero solo para comenzar a bajar por mi mandíbula, luego sentí la húmeda tibieza de sus labios bajando por mi cuello, y sus manos acariciando mis pechos y su torso entre mis piernas. Comenzó a quitarme el vestido lo cual no le fue muy difícil pues mi cuerpo lo permitió y mi mente lo celebró, se acostó sobre mi otra vez y mi cuerpo lo recibió gustosa, mi mente disfrutaba con cada caricia y con el calor de su pecho y su abdomen contra el mío, sus brazos a mi alrededor y los míos arañando su espalda y asiéndome a él desesperadamente “Осужденные секс конфетка сделать вкусный si eres un pequeño volcancito” dijo sonriendo. Todos mis prejuicios se habían disuelto entre la inundación de sensaciones que me causaban sus caricias, parecía como si mi mente se hubiera amoldado ya aquel cuerpo y luego de un proceso de asimilación, aceptara el trasplante a aquella piel ardiente.htb18ohfkfxxxxxnaxxxq6xxfxxxv

Los labios de mi amante siguieron bajando por mi pecho hasta mis pezones que chupó ávidamente, yo sentía que el aire me faltaba de sentir la succión de sus labios en mis pezones erectos, luego siguió bajando, en mi abdomen iba quedando marcada la trayectoria de sus labios en un hilo de saliva tibio, que al quedar atrás se iba enfriando poco a poco haciendo que mi piel se erizara. Llegó a mi monte de venus el cual besó suavemente, para luego seguir su camino lentamente hasta mi clítoris. Estaba a punto de estallar. No podía creer la intensidad de aquellas sensaciones, mi espalda estaba arqueada mientras con las manos apretujaba las sabanas, sin poder controlarme por la excitación, el ruso besaba y lamía mi sexo, podía sentir la áspera humedad de su lengua jugueteando con mi clítoris.

Luego de jugar un poco con mi sexo el ruso se levantó.

—Vaya, vaya… mira nada más… cuando pedí una jovencita china no me imaginé que me iban a traer a una virgen —Dijo el ruso con una sonrisa en la boca— supongo que ni siquiera la vieja china lo ha de saber, si no… te hubiera vendido mucho más cara.

Era lógico, aquel cuerpo era nuevo, apenas unas horas antes no existía, por lo que debía estar inmaculado.

El ruso se puso de pie frente a mí y comenzó a bajar sus pantalones, de ellos brotó, como un resorte, un pene enorme, probablemente medía más de veinte centímetros, yo pensaba que el que yo tenía en mi cuerpo original era grande, pero aquel era un monstruo, las venas parecían que iban a estallar y la roma cabeza parecía un casco militar enrojecido e inflamado. Se inclinó sobre mí y me quitó la diminuta tanga, luego se recostó encima de mí.

—Te va a doler un poquito mi chinita, pero vas a ser buenita y te vas a aguantar hasta que yo termine ¿Sí?

—Si señol Kutúzov —dije con mi vocecilla de pito.

De nuevo la mano del hombrón tentó mi sexo, mi cuerpo se estremeció; luego un enorme bulto comenzó a tallarse a todo lo largo de mis labios vaginales, estaba empapada, así que la sensación fue maravillosa “Ahhh” un gemido escapó de mi garganta. Era el glande de su enorme pene con el que tallaba mi sexo, luego lo puso sobre mi clítoris y comenzó a moverlo de un lado a otro, sentí como una corriente eléctrica atravesaba mi cuerpo, la textura áspera pero lubricada me volvía loca, “Mhh ahhh” otro gemido escapó de mí. Mi cuerpo comenzó a moverse convulso, a acariciarle la espalda y a restregar mis muslos contra él, tratando de atraerlo hasta mí, hacia mi interior. Estaba lista para recibirlo, deseosa, ansiosa por ser suya, por sentirme mujer con él, con ese hombrón encima de mí, entre mis piernas.

Sentí el enorme bulto empujar, la gruesa punta presionando, pero mi sexo se resistía; los primeros espasmos de dolor acalambraron mi pubis “Mmmh ¡ouch!” exclamé, “Aguanta mi chinita que apenas empieza” sentí como los músculos de mi pubis comenzaban a estirarse cuando el glande chato y grueso se incrustaba. Un calambre y un ardor inundaron mi zona pélvica “Aaahh haaaay” grité adolorida, instintivamente traté de cerrar las piernas, pero el peso del cuerpo de mi hombre era mucho y no me fue posible. El pene seguía incrustado en mi. “Ahh” exclamó Kutúzov, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Mi cuerpo reaccionó y traté de empujarlo, pero mis fuerzas eran apenas un soplo en el cuerpo de aquel hombretón, nunca hubiera podido levantarme “¡haaay Señol Kutúzov!… ¡haaay! Me duele, no aguanto” le dije, pero el en lugar de sacármela, dio un empujón que me clavó el tremendo vergón un poco más profundo.

Un chillido salió de mi garganta “HAAAAY” me retorcí debajo de él, pero no pude zafarme. El me cogió los brazos, los pasó por detrás de mí, corrigió su posición y de un empujón, sentí como el resto de su verga se iba deslizando dentro de mis paredes vaginales, como si fuera un hierro hirviente calcinando mis entrañas, “HAAAAAGGGGGG” grité ante la dolorosa desfloración de la que era vícitma “NOOOO, pol favol Señol Kutúzov” pero el rostro del ruso parecía extasiado con mis lloriqueos, las lágrimas rodaron por mis mejillas. Sentí sus caderas acoplarse debajo de mi pubis, y mi vagina completamente llena y estirada, al tener aquella enorme verga empotrada dentro de mí. Toda la zona pélvica me dolía, los tejidos de mi sexo estaban estirados al máximo, sentía que en cualquier momento me iba a partir en dos. Me quedé paralizada de dolor y temor “Shhh relájate chinita te va a doler más si te resistes”. Pero como relajarme si el dolor amenazaba con estallar mi vagina. Pensé que al menos debería estar seriamente desgarrada, no iba a poder caminar en varios días. Bueno, al menos ese no era mi cuerpo, en poco tiempo volvería a la normalidad y todo eso habría pasado.

El ruso comenzó a moverse, sentí mis entrañas hervir, como si todo mi vientre se moviera junto con él. El ardor de mi vagina seguía igual de intenso. Pero extrañamente me sentía plena, como si toda mi vida estuviera en su lugar, como si ese fuera mi lugar en la vida, una hembra dando placer a un hombre. Tenía que aguantar, tenía que ser eso que mi hombre esperaba de mí. Ese pensamiento me relajó y poco a poco el dolor fue amainando, sin desaparecer completamente, pero ya era soportable, dejé de gritar “Mmhh” gemí. “Eso mi chinita, ya ves que relajándote se siente más rico” “si señol Kutúzov” su verga ahora entraba y salía de mí, cimbrando mis entrañas, haciéndolas temblar de deleite. Yo comenzaba a sentirme muy excitada de nuevo. Volvía a apretar las piernas, pero ya no empujando a mi hombre, sino para sentirlo, para percibir el movimiento de sus caderas de arriba abajo, clavándome su verga una y otra vez, sentir el movimiento de sus caderas y sus músculos duros y recios trepidando por el esfuerzo físico de estarme cogiendo. Me estaban cogiendo, aquél hombrón me estaba cogiendo, me estaba metiendo la verga, a mí, a su chinita, a su pequeña y delicada chinita que no hacía otra cosa que mantener separados los suaves y delicados muslos para que su hombre rudo y varonil pudiera meterme la verga una y otra vez. Me abracé a él “Ohhh señol Kutúzov” mis manos acariciaban su espalda. Comenzó a besarme el cuello, me rodeó con sus brazos, yo levanté más las piernas y sus movimientos se hicieron más cadenciosos, pero la penetración resultó más profunda y más dolorosa, pero no me importaba, yo solo quería sentir la verga de mi hombre dentro de mi vagina, dura y caliente, resbalando dentro de mi cuerpo, quería sentirlo dentro. Lo rodeé con las piernas y los brazos; él se separó un poco y nuestros rostros quedaron uno frente al otro, ver su rostro extasiado y sentir su aliento mezclándose con el mío me pareció lo más hermoso del mundo, estar así, acostada bocarriba, con las piernas abiertas y con mi hombre encima de mí, ambos desnudos y disfrutándonos íntimamente, ser completamente suya. Puse mi mano en su nuca y lo atraje hacia mí, sentí sus labios acoplarse con los míos y su lengua juntarse con la mía, y la conexión de nuestros cuerpos y nuestras almas fue completa, él también me rodeo con sus brazos y apretándome contra él, empujó sus caderas haciendo que su verga me entrara toda, tenía la verga de mi hombre bien metida, era una mujer completa y él me había hecho así, y lo estaba comenzando a amar por eso.

Seguimos deleitándonos en esa sensual comunión de nuestros cuerpos, nuestras bocas y nuestros sexos unidos, conectándonos. Comencé a moverme yo también, buscando el punto exacto donde sentía el mayor placer. Mi cuerpo comenzó a temblar, sentí todos los músculos de mi cuerpo tensarse, sin darme cuenta estaba clavando mis uñas en su espalda, separé mi boca cuando no pude contener un grito que nacía desde lo más profundo de mi alma “Aaaahhh” al mismo tiempo que en medio de mi pelvis algo explotaba, como una bomba atómica de felicidad y de exquisito placer que inundaba todo mi cuerpo “¡Haaay dios mio! Hay Señol Kutúzov!” grité cuando un orgasmo provocaba que todo mi cuerpo se convulsionara en un frenesí de éxtasis.htb1_fvfkfxxxxafaxxxq6xxfxxx2

 

CONTINUARÁ…

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